Fiestas Patrias: Chile entre historia, animales y curiosidades

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La historia de Chile no está compuesta únicamente por guerras, presidentes y grandes transformaciones. También abundan episodios insólitos, contradicciones y personajes que, vistos con distancia, tienen un humor inconfundiblemente chileno.

Durante la llamada República Parlamentaria, entre 1891 y 1925, la política podía parecer una interminable mudanza de ministros. Los siete gobiernos de ese período tuvieron, en promedio, 15 gabinetes cada uno, que habitualmente duraban menos de cuatro meses. Germán Riesco llevó esta inestabilidad particularmente lejos: durante su administración hubo 16 cambios totales de gabinete y tres parciales. La política nacional parecía funcionar como una versión institucional de la silla musical.

Ramón Barros Luco, presidente entre 1910 y 1915, quedó asociado a una sentencia que resume admirablemente cierto pragmatismo nacional: “No hay sino dos clases de problemas: los que se resuelven solos y los que no tienen solución”. Pocas frases presidenciales han conseguido transformar la resignación en una doctrina administrativa tan eficiente.

Chile también alcanzó notables velocidades políticas. En junio de 1932 se proclamó la denominada República Socialista. Su primera junta duró apenas doce días antes de que Marmaduke Grove y Eugenio Matte fueran desplazados y enviados a Isla de Pascua. En ese breve lapso alcanzó a disolver el Congreso, cerrar temporalmente los bancos y ordenar la devolución de herramientas y bienes de trabajo empeñados.

Las elecciones tampoco estuvieron siempre libres de situaciones dignas de una comedia negra. En la presidencial de 1920 coexistieron cohecho, suplantación de electores, votos emitidos a nombre de personas fallecidas y falsificación de escrutinios. Según Memoria Chilena, participó menos del 5% de la población.

Y, para acercarnos al mundo veterinario, la historia ofrece sus propias curiosidades. La veterinaria chilena moderna nació en buena medida vinculada al Ejército. Ante la necesidad de atender al ganado caballar y mular de las unidades montadas, en 1905 se creó la Escuela Militar Veterinaria, reemplazando cursos que funcionaban desde fines del siglo XIX. Sus estudiantes eran tratados como cadetes y, después de tres años de estudios, egresaban con grado de subteniente. En aquella época, el veterinario chileno estaba mucho más familiarizado con caballos y mulas que con el actual desfile de poodles, gatos geriátricos y pacientes exóticos.

El cambio de época comenzó a notarse pronto. En 1918 abrió al público la Clínica de Animales Menores “Dolores Pinto”, financiada gracias a una donación destinada a su instalación y equipamiento. Perros y gatos comenzaban así a conquistar oficialmente un espacio en una profesión hasta entonces estrechamente ligada al caballo, la producción animal y la sanidad pública. Un siglo después, probablemente serían ellos quienes reclamarían con mayor impaciencia su turno en la sala de espera.

La historia veterinaria chilena también tuvo episodios mucho menos festivos, aunque sorprendentes. En 1926, el médico veterinario Enrique Amión falleció de rabia después de haber realizado la necropsia de una vaca infectada, hecho que la Universidad de Chile recuerda como el del primer mártir de la veterinaria nacional. Es una anécdota que recuerda cuánto han cambiado la bioseguridad y la comprensión de los riesgos ocupacionales.

Entre presidentes que confiaban en que algunos problemas se resolvieran solos, gabinetes que apenas alcanzaban a instalarse, elecciones donde hasta los muertos parecían participar y veterinarios que comenzaron atendiendo caballos militares para terminar cuidando prácticamente todas las especies, Chile ha construido una historia donde solemnidad, improvisación, tragedia y absurdo conviven con sorprendente naturalidad. Quizás por eso el humor chileno no necesita inventar demasiado: muchas veces le basta con abrir un libro de historia.

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Breve historia de la medicina veterinaria en Chile